Estamos demasiado solos en el universo

Parece ser que estamos demasiado solos en el Universo. El orden natural que conocemos es inconsciente. Las estrellas se mueven de forma mecánica y las leyes de la materia y la energía siguen un orden programado. Las bacterias no piensan y los animales parece que están programados casi por completo. El medio ambiente actúa de forma inconsciente y las fuerzas de la naturaleza obedecen a las leyes de la física y la química. Nuestros genes son puros programas que actúan sin pensar y nosotros mismos nacemos ya muy programados por la genética.

Aparte de nosotros los seres humanos, no sabemos de nadie con pensamiento consciente, aunque creemos que alguien superior controla el orden universal. Sin embargo, en todo caso, sólo podemos conectar con él por vía inconsciente. Estamos muy solos, sumergidos en el océano infinito de un universo inconsciente tratando de asomar a la superficie la parte consciente que hemos ido adquiriendo en nuestras vivencias después de nacer con la mente en blanco.

Hemos creado la razón, la lógica, la ética, los principios y los ideales, pero sigue teniendo mayor peso nuestra parte “sumergida” y nuestra inteligencia emocional prevalece sobre la razón. El mundo consciente parece que reside solo en nosotros mismos y es una singularidad en el Universo que no nos libra de estar solos en medio de la inmensidad.

Vivimos una realidad digital

Hasta hace relativamente poco tiempo los seres humanos tenían que fundamentar el conocimiento de la realidad que les rodeaba en lo que veían, en los recuerdos, en las representaciones de los artistas o en los relatos de los historiadores. En la actualidad vivimos una realidad digital en la que podemos obtener imágenes de todo lo que existe o sucede, procesarlas, transmitirlas, manipularlas e incluso fabricarlas.

En la actualidad las imágenes son todas digitales, es decir conjuntos de pixels, y la calidad o resolución de las imágenes depende de la densidad o número de pixels que las integran. La realidad que entra por nuestros sentidos es también una realidad digital que se almacena en el cerebro “troceada en pixels” de la misma forma que los ordenadores procesan las imágenes.

Por otra parte, nuestra realidad física parece que también es una “realidad digital” que está troceada en pequeñas partículas. El modelo estándar de la física cuántica supone toda la realidad del universo, incluidos nosotros mismos, como conjuntos de pequeñas partículas, algo así como “pixels cuánticos”, en medio de inmensas zonas aparentemente vacías. La física cuántica es difícil de entender, porque se edifica sobre puras formulaciones matemáticas, pero un tercio del PIB mundial se produce por la tecnología basada en ella.

La reflexión que yo hago es que si vivimos en una realidad digital en la que todo lo que observamos, tocamos, procesamos y fabricamos es de naturaleza digital, el control de toda esta realidad digital tendría que estar bajo la tutela de un computador y la formulación matemática de la física cuántica invita a pensar en ello.

De esta reflexión surgen dos vertientes que habrá que explorar. La primera es que si vivimos una realidad digital puede que solo seamos una “fabricación” que reproduce un mundo virtual, análogo al que nosotros mismos manipulamos con los computadores, pero con una tecnología infinitamente mas avanzada. La segunda es que “alguien” tiene que haber “encendido” el computador, producir con ello el big-bang, y controlar el sistema operativo para que la realidad digital se desarrolle y aparezca ante nuestros ojos como un mundo integral.

 

Vida extraterrestre

The Royal Society” dedicó a principios del pasado año su publicación “Philosophical Transactions” a la vida extraterrestre. Es un tema de actualidad, porque con los medios ahora disponibles de exploración del Universo se están detectando continuamente planetas similares a la Tierra.

En dicha publicación, editada por Martin Dominik y John C. Zarnecki, plantean si el modelo de evolución de La Tierra será también el que opera en los planetas que puedan tener biosfera y si las formas de vida extraterrestre serían similares a la de los humanos. El artículo que publica Simon Conway, de la Universidad de Cambridge, sugiere que los procesos físicos y químicos de la vida y sus límites son probablemente los mismos en cualquier parte del Universo pero la diversidad de escenarios en los que puede aparecer la vida es mucho más amplia que la de La Tierra.

Conway indica como hipótesis poco probable que las biosferas que pueda haber en planetas extraterrestres sean estrictamente similares a la nuestra y que la inteligencia surja de forma inevitable. El conocimiento actual parece señalar que nosotros y nuestra biosfera son bastante únicos y que estamos solos en el Universo. Por lo tanto, parece que nos movemos entre dos posibilidades a cual peor: que en planetas lejanos nos encontremos a nosotros mismos o que no encontremos a nadie.

La cosa no ha hecho más que empezar pero plantea cuestiones importantes. Si estamos solos, ¿qué pintamos en el Universo? Si no estamos solos, ¿podremos estar en contacto? ¿Serán similares a nosotros o serán extraños y repulsivos? ¿Qué intenciones tendrán? ¿Cómo afectará a los humanos? De momento el programa SETI de detección de vida extraterrestre lleva 50 años de rodaje infructuoso pero no puede descartarse que un buen día aparezcan indicios sólidos de vida extraterrestre.

La barrera del tiempo nos domina

La humanidad se desarrolla atrapada por la barrera del tiempo sola y aislada en la inmensidad del universo. Nuestro Sol es una de los cien mil millones de estrellas que tiene nuestra galaxia, que a su vez es una de las ochocientas mil millones de galaxias que se estima existen. La estrella vecina más cercana está tan lejos que la luz tarda cuatro años en llegar. Una nave espacial como el Voyager tardaría en llegar un tiempo treinta veces superior al de la historia de la actual cultura humana.

Visión. Cuadro de Guillermo SerranoLa barrera del tiempo nos impone que el tiempo camina solo en una dirección y es irreversible y todo lo que observamos está deformado por la distancia y la velocidad de la luz. Si observamos la galaxia de Andrómeda, que es la parte del Universo directamente visible más alejada de la Tierra, vemos en realidad como era dicha galaxia hace dos millones y medio de años.

La barrera del tiempo parece insuperable según el estado actual de la ciencia, aunque haya elementos nuevos como el “entrelazamiento de partículas” o los “agujeros de gusano” que parece que desafían al tiempo y a la velocidad de la luz. La ciencia niega que pueda superarse la velocidad de la luz porque no se han encontrado evidencias que violen el principio de causalidad y niega también, por la segunda ley de la termodinámica, que el tiempo pueda ser reversible.

La barrera del tiempo puede ser reales o ser fruto del limitado conocimiento humano. Cita Stephen Hawkings en su libro más famoso, cuando se refiere a la “fecha del tiempo”, el ejemplo de la vajilla que cae al suelo y se rompe, señalando que no puede verse la inversa de los trozos de vajilla, recomponiéndose otra vez sobre la mesa, porque lo prohíbe el segundo principio de la termodinámica. Añade que dicho principio postula que la entropía o “desorden” en un sistema cerrado siempre aumenta con el tiempo y que el hecho de que “con el tiempo aumente el desorden o la entropía es un ejemplo de lo que se llama una flecha del tiempo, algo que distingue el pasado del futuro dando una dirección al tiempo”.

Sin embargo, también podría argumentarse que la vajilla era en origen un conjunto desordenado de materiales que aumentaron su potencial con el tiempo organizándose y llegando a ser una vajilla, desafiando al principio de la entropía gracias a la intervención humana. El conocimiento humano interviene desarrollando potenciales y “exportando” entropía y desde hace varias décadas existe el concepto de entropía negativa, introducido por Schrödinger.

Si la velocidad de la luz pudiera superarse, se abriría un nuevo horizonte para el conocimiento y el pensamiento humano. La simple idea de que podrían enviarse mensajes al pasado desafiando la flecha del tiempo ampliaría la esperanza de que la humanidad y su entorno puedan autorregularse y mantener las constantes fundamentales para la supervivencia.

Los viajes interplanetarios parecen imposibles

Hace 50 años del primer viaje orbital alrededor de la Tierra y 22 años del viaje a la Luna, pero los viajes interplanetarios parecen imposibles, porque las distancias son inmensas y los humanos tenemos una vida demasiado corta. En las dos últimas generaciones todo se ha acelerado y estamos cerca de conocer la programación de la vida humana, de clonar seres humanos y de artificializar funciones fisiológicas con nanorobots, pero no tenemos ni idea de que estamos haciendo en el Universo ni cual será nuestro futuro cuando las condiciones ambientales en la Tierra hagan imposible la vida humana.

Los viajes interplanetarios parecen imposibles Suponiendo que la tecnología estuviera lista para los viajes interestelares, los viajeros de llegada serían los descendientes de múltiples generaciones, y necesitarían que las condiciones en el punto de destino fueran apropiadas para la vida humana. Parece imposible y no soluciona nada, porque si las condiciones son favorables, la vida podría surgir allí sin que tenga que proceder de la Tierra. Es decir que los viajes interplanetarios parecen imposibles y además carecen de utilidad.

Puede elucubrarse que en algún tiempo futuro pudiera independizarse la mente humana del sustrato que la alberga y que viajara solo información y lo hiciera a la velocidad de la luz. La mente y/o conciencia incluiría la experiencia vivida, ideas, criterios, conceptos, valores, emociones, sentimientos, ….etc., un contenido que es pura información y teóricamente podría viajar a la velocidad de la luz. El sustrato de cuerpo humano no sería necesario en el punto de llegada porque, o bien se podría reconstruir a partir del código genético, que es también pura información, o bien la mente podría albergarse en otro sustrato más afín con las condiciones locales.

Con esta visión, hoy por hoy onírica, los viajes interestelares podrían consistir en externalizar la mente y conciencia de los viajeros para darles a su llegada otro cuerpo de su mismo código genético para continuar con su vida como cuando partieron de la Tierra. No se puede elucubrar mucho más y si los viajes interplanetarios parecen imposibles, habrá que empezar a entender para qué sirve la vida humana y que hacemos aquí en la Tierra.

No podemos descartar que existan realidades sobrenaturales

La naturaleza interna del “lado oscuro” del Universo es desconocida, aunque hayamos detectado su existencia.  La materia oscura del Universo es cerca de seis veces mayor que la materia visible y está formada en parte por los agujeros negros, que son concentraciones de masa invisibles porque no emiten radiación por ser la velocidad de escape superior a la de la luz.

También forma parte de la materia oscura la materia intergaláctica no luminosa (WIMPs), que son partículas elementales de interacción débil de las que solo el neutrino ha sido identificado. La energía oscura, que es 18 veces mayor que la materia visible, es mucho más enigmática y se supone que está uniformemente repartida produciendo una presión que es responsable de la expansión del Universo.

La parte del mundo infinitesimal de las partículas y fuerzas elementales está bastante más estudiado. Al menos, la física cuántica, con todas sus lagunas, proporciona un conocimiento que ha demostrado ser cierto y ha servido de base para el desarrollo de la tecnología electrónica. Pero todavía el mundo infinitesimal es desconocido y por el momento indetectable. Está alimentado de hipótesis como los universos paralelos o por el Bosson de Higgs, u otras, que abren el camino de la coexistencia en espacio y tiempo con otras realidades que ni percibimos ni imaginamos.

Siendo tan limitada nuestra percepción de la realidad hay que preguntarse si los sucesos extraños en los que alguien percibe realidades extraordinarias como “apariciones”, “ovnis”,….etc., o tiene una visión de sucesos futuros, u otras manifestaciones que la ciencia descarta, no pudieran ser una especie de “contactos” con parte de la existencia que nos es totalmente desconocida y es por el momento indetectable.

Vemos muy poco de lo que existe en realidad

La percepción que tenemos de todo lo que existe en realidad está muy limitada por nuestros sentidos corporales y por la pobreza que todavía tienen los instrumentos con los que tratamos de llegar un poco más allá.

De nuestros sentidos corporales, sólo la vista nos permite percibir cosas lejanas a nuestro entorno, pero lo que nuestros ojos detectan es una pequeña parte de la radiación electromagnética que es la comprendida entre 400 y 750 nanómetros (1 nanómetro = 0,000000001 metros). Aún así podemos llegar a distinguir directamente la espiral de Andrómeda, que es una galaxia “cercana”, pero lo que vemos es algo que existió hace 2.250.000 años. De lo que hay en el centro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, solo nos llega radiación que fue emitida hace 27.700 años.

Hoy nuestros ojos ya sirven de poco para percibir lo que ocurre en el universo, pero disponemos de instrumentos que detectan y nos informan de la radiación electromagnética aunque sea infrarroja o ultravioleta. Sin embargo los instrumentos tampoco llegan “muy lejos” porque de la realidad existente de la que hay noticia directa o indirecta solo pueden detectar aproximadamente un 4%, ya que el 23% es materia oscura y el 73% energía oscura, es decir materia y energía que no se detecta por radiación porque solo interactúa con la gravedad, produciendo efectos gravitacionales que son los que dan indicación de su existencia.