La inteligencia artificial versus la inteligencia humana

En unas décadas, los computadores o lo que de ellos crezca serán miles de veces más inteligentes que los seres humanos y estarán en condiciones de tomar el relevo en el desarrollo de la vida inteligente. La raza humana comenzaría entonces a transformarse o a desaparecer.

El silicio, que constituye el 28% de la corteza terrestre, es un elemento base de los microchips de los computadores. Ya se han reportado experimentos de inserción de microchips en células vivas que actúan de sensores, como si estuviera surgiendo una nueva biología del silicio. Otro material reciente, el grafeno, superdenso, del grosor de un átomo, de alta resistencia, buen conductor de la electricidad y el calor, permite construir microchips mucho más rápidos.

La inteligencia artificial está creciendo exponencialmente y no sabemos hasta que punto confrontará con la inteligencia humana o seguirá siendo complementaria. Será determinante la evolución del espíritu y la conciencia colectiva, dimensión humana muy poco explorada que por el momento es terreno de las creencias.

Estamos atrapados por la flecha del tiempo

Nuestra vida discurre desde el pasado hacia el futuro y no podemos concebir que el transcurso del tiempo pueda cambiar de sentido, aunque paradójicamente podamos ver una película al revés. La flecha del tiempo siempre está avanzando y la Ciencia la reconoce como un fundamento básico, igual que el principio de causalidad o la segunda ley de la termodinámica.

Sin embargo no deja de ser curioso que la verdad científica de que “la causa precede al efecto en el tiempo” se refiera a un tiempo absoluto independiente del observador, como si la relatividad especial que postula que el tiempo depende del observador solo fuera aplicable a conceptos o sucesos no relacionados causalmente.

En la práctica, la vida en la Tierra de los próximos millones de años serán escenas fijas ya determinadas para quienes nos observaran desde el Universo. Quienes hipotéticamente nos observaran desde la galaxia de Andrómeda verían dentro de dos millones y medio de años lo que está pasando ahora en la Tierra y para ellos nuestra vida será una “película” que ya está rodada para los próximos dos millones y medio de años y no puede cambiarse.

El futuro de la vida humana inteligente de la Tierra es incierto

Asteroide - Cuadro de Guillermo Serrano
Asteroide - Cuadro de Guillermo Serrano

El simple choque de un asteroide con la Tierra sería el fin de nuestra existencia. Hace poco se detectó el choque entre dos asteroides equivalente a la explosión de una bomba atómica y ya hay quien calcula que en el año 2034 puede chocar uno de ellos con la Tierra. Pero aun suponiendo que una catástrofe como ésta nunca suceda, la simple evolución del Sistema Solar hará nuestro planeta inhabitable para el género humano. Poco importa que sea dentro de cientos, de miles, o de millones de años.

Para entonces, ¿cual habrá sido nuestra aportación al Universo? Para el planeta Tierra, lo único previsible es que lo estropeemos cada vez más y contribuyamos a hacerlo inhabitable. En la Vía Láctea, nuestra galaxia, parece que no llegaremos a acercarnos a ningún sitio habitable. Viajar a esas distancias lleva mucho tiempo y no se vislumbra para que serviría. El género humano también podría surgir en otros confines del Universo sin necesidad de viajes que parecen imposibles. Tampoco parece que viajar por el Universo sea una forma de supervivencia.

La vida humana puede ser efímera

La ciencia no ayuda demasiado en aclarar si la vida inteligente surge por casualidad o si es un eslabón necesario en la evolución del Universo. Es difícil de imaginar que el desarrollo de la inteligencia humana en la Tierra solo sea un hecho accidental fruto de caprichosas mutaciones y que un buen día comience a desaparecer sin dejar rastro ante la indiferencia del resto del Universo. No sabemos si nuestra misión, si es que existe, es relevante para el Universo. Llevamos poco tiempo sobre la Tierra y apenas hemos progresado hasta que empezó la revolución tecnológica hace cuatro o cinco generaciones. La electricidad, la energía atómica, el teléfono, la televisión, los computadores, internet, los nano robots,….etc., suponen grandes avances pero no cambian nuestra débil y vulnerable estructura biológica.