Mente y Conciencia

mente y concienciaMente y Conciencia no son la misma cosa aunque estén relacionadas. La Mente es una consecuencia directa de la información y la programación que residen en el cerebro. Es como el ordenador que dirige nuestro organismo y nuestras reacciones y va creciendo en sabiduría a medida que vamos teniendo experiencias enriquecedoras que van siendo procesadas aportando nuevas conclusiones.

En la actividad diaria muchas de nuestras reacciones son producto de automatismos que tenemos ya acuñados en el cerebro y ejecutamos de forma mecánica “de oficio”, sin ser conscientes de ello. Puede tratarse de actuaciones puramente inconscientes como las que garantizan el mantenimiento de la temperatura del cuerpo u otras similares que están programadas en el ADN, o ser expresiones emocionales u otras respuestas programadas que hemos ido adquiriendo.

La Conciencia es algo más externo a la programación y la información que residen en el cerebro. La Conciencia aporta una visión global del entorno en que nos movemos y de las dificultades o tareas con que nos enfrentamos en cada momento. Es la percepción de la realidad que nos afecta de manera más directa para la que no tenemos respuestas concretas ya elaboradas que decidan nuestro comportamiento.

La Mente está muy estudiada por la Ciencia porque sus manifestaciones tienen una correlación con el entramado de neuronas que controla el cerebro. La Conciencia sin embargo no acaba de estar suficientemente estudiada y se desconoce cual es su sustrato. Hay científicos que opinan que la Conciencia es una consecuencia adquirida como producto de que el Cerebro haya alcanzado una “masa crítica”. Otros dudan si la muerte cerebral acaba con la Mente y también con la Conciencia o si esta sobrevive al cerebro y hay otra realidad que entra de lleno en el territorio de las creencias.

Conciencia es un misterio

imagesConciencia es un misterio, el más profundo del universo. Lo dice Eben Alexander, experimentado neurocirujano norteamericano que acaba de publicar un libro Proof of Heaven” sobre su experiencia personal de “vida después de la muerte” tras haber estado varios días en coma a causa de una meningitis bacteriana de la que inesperadamente se repuso.

Otro autor que trata este tema es el médico y psicólogo Raymond Moody, en su libro “Life after life“, en el que relata experiencias vividas por sus pacientes. También es relevante el libro publicado hace un año por el cardiólogo holandés Pim Van Lommel, “Conciousness beyond life” tras 30 años de operar a pacientes en los ha contrastado numerosos casos de experiencias cercanas a la muerte.

Corroborando que la conciencia es un misterio, recientemente, la “John Templeton Fundation” ha dotado 5 millones de dólares para un proyecto para estudio de la inmortalidad (Inmortality project), que será dirigido por John Martin Fischer, profesor de filosofía en la Universidad de California.

Por otro lado, la ciencia en general, suele tener un discurso más favorable a que la conciencia es un misterio pero sólo es una creación del cerebro. Es una visión materialista que presupone que la muerte es el fin de toda forma de conciencia. Sin embargo la cuestión no está nada clara, ni tampoco se ha formulado con la amplitud necesaria. Habrá que profundizar.

Realidad virtual durante el sueño

Todos soñamos varias veces durante la noche y lo hacemos con tanto realismo que es como una realidad virtual en la que “vivimos” cosas imposibles. He soñado en varias ocasiones situaciones en la que volaba, como los pájaros, y al despertar todavía me parecía que podía volar y me resistía a que fuera sólo un sueño.

Los sueños se producen con extraordinaria rapidez, con la intervención activa de la vista moviendo los ojos de la misma forma que contemplamos las escenas reales. Fabricamos durante el sueño una realidad virtual en la que ensayamos “en laboratorio” nuestros reflejos a partir de las experiencias vividas.

Con un ritmo acelerado, solo posible en realidad virtual, ponemos a prueba nuestras reacciones antes de utilizarlas de forma automática nuestra inteligencia emocional. En este entorno de realidad virtual desgranamos las experiencias vividas en la realidad y fabricamos, valoramos y homologamos ideas, conceptos, criterios y opiniones, edificando nuestro modelo del mundo, nuestra escala de valores y nuestra forma de reaccionar emocionalmente en las diferentes situaciones.

En la realidad virtual del sueño, podemos someter nuestros criterios a pruebas extremas, incluso absurdas, mucho más exigentes de las que se dan en la realidad. Nuestro cerebro genera multitud de situaciones en realidad virtual ante las que reaccionamos y ponemos a prueba los reflejos automáticos que estamos “fabricando” hasta que los damos por buenos y los homologamos para usarlos en la vida real.

Si nuestro cerebro es poco riguroso en su trabajo en la realidad virtual durante el sueño y homologamos, para utilizar en la vida real, mecanismos de actuación que son imperfectos, entonces cometeremos continuamente errores sin saberlo. Por ejemplo, derramar agua al trasladar un recipiente lleno o conducir deficientemente un vehículo. Cuando los actos reflejos imperfectos son causa de incidentes traumáticos, nuestro cerebro vuelve a ensayarlos nuevamente durante la realidad virtual del sueño.

Si por el contrario nuestro cerebro es demasiado exigente y se demora en homologar los reflejos, entonces se acumula el trabajo y se produce una espiral que conduce a la psicosis y a otras patologías de la mente. Por esto las personas con problemas psíquicos son sometidas a curas de sueño en las que puedan soñar y vivir largos periodos de realidad virtual para desatascar la acumulación de experiencias vividas todavía sin desgranar.

La realidad programada

En pocos años han avanzado tanto los sistemas de realidad virtual que en algunos casos es difícil distinguir la realidad programada que solo está en el interior de un computador de lo que es la realidad con soporte físico. La realidad programada puede ser inmersiva e introducirnos totalmente en un mundo virtual hasta “desaparecer” del mundo real, o incluso puede ser una realidad aumentada superpuesta a la del mundo real.

En estos momentos ya existen sistemas de realidad programada que tienen tanta riqueza de detalle que es difícil distinguir lo real de lo virtual. Los simuladores de vuelo, por ejemplo, hacen vivir al piloto experiencias en las que se integra totalmente como si fueran reales, registrándose constantes vitales similares a las de las experiencias “reales”.

Pero la realidad programada acaba de nacer hace muy pocos años. No podemos ni siquiera imaginar lo que será la realidad programada dentro de 50 o 100 años, pero es altamente probable que quienes la “vivan” no lleguen a distinguir lo que es realidad programada y lo que es realidad con soporte físico

El cerebro y la conciencia

La relación entre el cerebro y la conciencia no acabamos de entenderla. Muchos científicos afirman que la conciencia es producto de la información y las conexiones neuronales del cerebro, por lo que si el cerebro deja de existir la conciencia se extingue.

Otros científicos, como por ejemplo Van Lommel, opinan sobre el cerebro y la conciencia que la conciencia sobrevive al cerebro y que esto es comprobable en los casos de personas que han estado en el umbral de la muerte y han sobrevivido.

Tampoco está claro si el cerebro al nacer es una “página en blanco” y la conciencia es inexistente, o si el cerebro incorpora al nacer información procedente de los genes según los hallazgos de conocimiento innato del proyecto Blue Brain.

Arrojar luz en esta materia es fundamental para saber si la actividad de un cerebro es reproducible en un ordenador y por lo tanto el Mind Uploading es viable y puede considerarse como una posibilidad de futuro. Es crucial para entender como puede ser el futuro de la vida inteligente más allá de la aventura humana.

El despertar de la conciencia se debe a las manos

El despertar de la conciencia se debe a las manos. Caminar sobre dos piernas y tener brazos y manos libres para actuar, constituye la gran diferencia existente entre los homínidos y casi todas las demás especies vivientes. Esta diferencia no es muy grande en el caso de los gorilas, chimpancés, orangutanes o bonobos, que en muchos aspectos tienen hábitos y reacciones que parecen humanas, pero que no han llegado a intervenir en el orden natural tanto como para modificarlo como ha hecho el hombre.

Sin brazos y manos libres no es posible manipular la materia para construir elementos artificiales. Un elefante, o un delfín podrán llegar a tener la inclinación de fabricar artificios e incluso tener la inteligencia suficiente para llevar a cabo sus intenciones, pero su linea de evolución se apartó de forma irreparable de la posibilidad de desarrollar brazos y manos. Algo habría ya en el germen de los homínidos para conservar intacta la posibilidad de caminar sobre dos patas esperando que la selección natural llegará a facilitarlo.

La causa de que los homínidos lograran “ponerse de pie” y las demás especies se apartaran de esa posibilidad, se supone que reside en que la selección natural se decantó por reforzar esa tendencia como característica mas viable y de mayor potencial de desarrollo en el largo proceso de evolución de las especies. La acción extra que aportan los brazos y manos permite modificar los elementos naturales y con esta baza decisiva comienza el desarrollo evolutivo cada vez más especializado de estos instrumentos, hasta que la rama aventajada de los homínidos se produce el despertar de la conciencia y aparece el ser humano sobre la Tierra.

No podemos descartar que existan realidades sobrenaturales

La naturaleza interna del “lado oscuro” del Universo es desconocida, aunque hayamos detectado su existencia.  La materia oscura del Universo es cerca de seis veces mayor que la materia visible y está formada en parte por los agujeros negros, que son concentraciones de masa invisibles porque no emiten radiación por ser la velocidad de escape superior a la de la luz.

También forma parte de la materia oscura la materia intergaláctica no luminosa (WIMPs), que son partículas elementales de interacción débil de las que solo el neutrino ha sido identificado. La energía oscura, que es 18 veces mayor que la materia visible, es mucho más enigmática y se supone que está uniformemente repartida produciendo una presión que es responsable de la expansión del Universo.

La parte del mundo infinitesimal de las partículas y fuerzas elementales está bastante más estudiado. Al menos, la física cuántica, con todas sus lagunas, proporciona un conocimiento que ha demostrado ser cierto y ha servido de base para el desarrollo de la tecnología electrónica. Pero todavía el mundo infinitesimal es desconocido y por el momento indetectable. Está alimentado de hipótesis como los universos paralelos o por el Bosson de Higgs, u otras, que abren el camino de la coexistencia en espacio y tiempo con otras realidades que ni percibimos ni imaginamos.

Siendo tan limitada nuestra percepción de la realidad hay que preguntarse si los sucesos extraños en los que alguien percibe realidades extraordinarias como “apariciones”, “ovnis”,….etc., o tiene una visión de sucesos futuros, u otras manifestaciones que la ciencia descarta, no pudieran ser una especie de “contactos” con parte de la existencia que nos es totalmente desconocida y es por el momento indetectable.

La inmensidad del universo es agobiante

En pocos años hemos pasado de creer que la Tierra es el centro del universo a comprobar que no somos casi nada y estamos rodeados de una inmensidad inimaginable. El simple Sol, que es una estrella enana, es 1.300.000 veces más grande que la Tierra y está alejado 150 millones de Km. El viaje a la estrella más próxima, la Alfa del Centauro, tardaría 135.000 años viajando a la velocidad de la nave Voyager, es decir unas 30 veces el tiempo transcurrido desde que apareció la cultura humana.

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, se estima que tiene unos 100.000 millones de estrellas y en el Universo se estima que hay unos 800.000 millones de galaxias. Una inmensidad de la que además no tenemos ni idea de cómo es en realidad, pues las imágenes que nos llegan a los telescopios están deformadas por el factor tiempo. El Sol lo vemos donde estaba hace 8 minutos, que es lo que tarda en llegar la imagen, y a medida que enfocamos el telescopio a regiones cada vez más lejanas contemplamos escenas más antiguas en el tiempo, sin saber siquiera si siguen existiendo.

Estamos demasiado solos en el universo

El orden natural que conocemos es inconsciente. Las estrellas se mueven de forma mecánica y las leyes de la materia y la energía siguen un orden programado. Las bacterias no piensan y los animales parece que están programados casi por completo.

El medio ambiente actúa de forma inconsciente y las fuerzas de la naturaleza obedecen a las leyes de la física y la química. Nuestros genes son puros programas que actúan sin pensar y nosotros mismos nacemos ya muy programados por la genética.

Aparte de nosotros los seres humanos, no sabemos de nadie con pensamiento consciente, aunque creemos que alguien superior controla el orden universal. Sin embargo, en todo caso,  sólo podemos conectar con él por vía inconsciente.

Estamos muy solos, sumergidos en el océano infinito de un universo inconsciente tratando de asomar a la superficie la parte consciente que hemos ido adquiriendo en nuestras vivencias después de nacer con la mente en blanco.

Hemos creado la razón, la lógica, la ética, los principios y los ideales, pero sigue teniendo mayor peso nuestra parte “sumergida” y nuestra inteligencia emocional prevalece sobre la razón. El mundo consciente parece que reside solo en nosotros mismos y es una singularidad en el Universo que no nos libra de estar solos en medio de la inmensidad.