Archivos codificados con ADN

Investigadores del EMBL- Instituto Europeo de Bioinformática (EMBL-EBI) han creado una forma de almacenar datos en forma de ADN, un material que tiene una duración de decenas de miles de años. El nuevo método, publicado hoy en la revista Nature, permite almacenar al menos 100 millones de horas de vídeo de alta definición en una taza de ADN.

El ADN es una forma eficaz de almacenar información porque ocupa un espacio increíblemente pequeño, no necesita energía ni mantenimiento y dura miles de años, pero aunque hasta ahora la lectura del ADN estaba bastante resuelta la escritura era inasequible. Ahora,  los investigadores del EMBL-EBI han logrado escribir en archivos codificados con ADN el discurso de Martin Luther King  “I Have a Dream”, una foto de EMBL-EBI, un PDF del informe de Watson y Crick “Molecular structure of nucleic acids”, un archivo de texto con sonetos de Shakespeare y un fichero describiendo la codificación, logrando después reconstruir los archivos originales con una precisión del 100%.

La utilización de ADN sintético para codificar datos y programas tendrá un impacto de tal alcance en el desarrollo de la aventura humana que es hoy por hoy difícil incluso de imaginar.

Vivimos una realidad digital

Hasta hace relativamente poco tiempo los seres humanos tenían que fundamentar el conocimiento de la realidad que les rodeaba en lo que veían, en los recuerdos, en las representaciones de los artistas o en los relatos de los historiadores. En la actualidad vivimos una realidad digital en la que podemos obtener imágenes de todo lo que existe o sucede, procesarlas, transmitirlas, manipularlas e incluso fabricarlas.

En la actualidad las imágenes son todas digitales, es decir conjuntos de pixels, y la calidad o resolución de las imágenes depende de la densidad o número de pixels que las integran. La realidad que entra por nuestros sentidos es también una realidad digital que se almacena en el cerebro “troceada en pixels” de la misma forma que los ordenadores procesan las imágenes.

Por otra parte, nuestra realidad física parece que también es una “realidad digital” que está troceada en pequeñas partículas. El modelo estándar de la física cuántica supone toda la realidad del universo, incluidos nosotros mismos, como conjuntos de pequeñas partículas, algo así como “pixels cuánticos”, en medio de inmensas zonas aparentemente vacías. La física cuántica es difícil de entender, porque se edifica sobre puras formulaciones matemáticas, pero un tercio del PIB mundial se produce por la tecnología basada en ella.

La reflexión que yo hago es que si vivimos en una realidad digital en la que todo lo que observamos, tocamos, procesamos y fabricamos es de naturaleza digital, el control de toda esta realidad digital tendría que estar bajo la tutela de un computador y la formulación matemática de la física cuántica invita a pensar en ello.

De esta reflexión surgen dos vertientes que habrá que explorar. La primera es que si vivimos una realidad digital puede que solo seamos una “fabricación” que reproduce un mundo virtual, análogo al que nosotros mismos manipulamos con los computadores, pero con una tecnología infinitamente mas avanzada. La segunda es que “alguien” tiene que haber “encendido” el computador, producir con ello el big-bang, y controlar el sistema operativo para que la realidad digital se desarrolle y aparezca ante nuestros ojos como un mundo integral.

 

No podemos descartar que existan realidades sobrenaturales

La naturaleza interna del “lado oscuro” del Universo es desconocida, aunque hayamos detectado su existencia.  La materia oscura del Universo es cerca de seis veces mayor que la materia visible y está formada en parte por los agujeros negros, que son concentraciones de masa invisibles porque no emiten radiación por ser la velocidad de escape superior a la de la luz.

También forma parte de la materia oscura la materia intergaláctica no luminosa (WIMPs), que son partículas elementales de interacción débil de las que solo el neutrino ha sido identificado. La energía oscura, que es 18 veces mayor que la materia visible, es mucho más enigmática y se supone que está uniformemente repartida produciendo una presión que es responsable de la expansión del Universo.

La parte del mundo infinitesimal de las partículas y fuerzas elementales está bastante más estudiado. Al menos, la física cuántica, con todas sus lagunas, proporciona un conocimiento que ha demostrado ser cierto y ha servido de base para el desarrollo de la tecnología electrónica. Pero todavía el mundo infinitesimal es desconocido y por el momento indetectable. Está alimentado de hipótesis como los universos paralelos o por el Bosson de Higgs, u otras, que abren el camino de la coexistencia en espacio y tiempo con otras realidades que ni percibimos ni imaginamos.

Siendo tan limitada nuestra percepción de la realidad hay que preguntarse si los sucesos extraños en los que alguien percibe realidades extraordinarias como “apariciones”, “ovnis”,….etc., o tiene una visión de sucesos futuros, u otras manifestaciones que la ciencia descarta, no pudieran ser una especie de “contactos” con parte de la existencia que nos es totalmente desconocida y es por el momento indetectable.

Vemos muy poco de lo que existe en realidad

La percepción que tenemos de todo lo que existe en realidad está muy limitada por nuestros sentidos corporales y por la pobreza que todavía tienen los instrumentos con los que tratamos de llegar un poco más allá.

De nuestros sentidos corporales, sólo la vista nos permite percibir cosas lejanas a nuestro entorno, pero lo que nuestros ojos detectan es una pequeña parte de la radiación electromagnética que es la comprendida entre 400 y 750 nanómetros (1 nanómetro = 0,000000001 metros). Aún así podemos llegar a distinguir directamente la espiral de Andrómeda, que es una galaxia “cercana”, pero lo que vemos es algo que existió hace 2.250.000 años. De lo que hay en el centro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, solo nos llega radiación que fue emitida hace 27.700 años.

Hoy nuestros ojos ya sirven de poco para percibir lo que ocurre en el universo, pero disponemos de instrumentos que detectan y nos informan de la radiación electromagnética aunque sea infrarroja o ultravioleta. Sin embargo los instrumentos tampoco llegan “muy lejos” porque de la realidad existente de la que hay noticia directa o indirecta solo pueden detectar aproximadamente un 4%, ya que el 23% es materia oscura y el 73% energía oscura, es decir materia y energía que no se detecta por radiación porque solo interactúa con la gravedad, produciendo efectos gravitacionales que son los que dan indicación de su existencia.