Mente y Conciencia

mente y concienciaMente y Conciencia no son la misma cosa aunque estén relacionadas. La Mente es una consecuencia directa de la información y la programación que residen en el cerebro. Es como el ordenador que dirige nuestro organismo y nuestras reacciones y va creciendo en sabiduría a medida que vamos teniendo experiencias enriquecedoras que van siendo procesadas aportando nuevas conclusiones.

En la actividad diaria muchas de nuestras reacciones son producto de automatismos que tenemos ya acuñados en el cerebro y ejecutamos de forma mecánica “de oficio”, sin ser conscientes de ello. Puede tratarse de actuaciones puramente inconscientes como las que garantizan el mantenimiento de la temperatura del cuerpo u otras similares que están programadas en el ADN, o ser expresiones emocionales u otras respuestas programadas que hemos ido adquiriendo.

La Conciencia es algo más externo a la programación y la información que residen en el cerebro. La Conciencia aporta una visión global del entorno en que nos movemos y de las dificultades o tareas con que nos enfrentamos en cada momento. Es la percepción de la realidad que nos afecta de manera más directa para la que no tenemos respuestas concretas ya elaboradas que decidan nuestro comportamiento.

La Mente está muy estudiada por la Ciencia porque sus manifestaciones tienen una correlación con el entramado de neuronas que controla el cerebro. La Conciencia sin embargo no acaba de estar suficientemente estudiada y se desconoce cual es su sustrato. Hay científicos que opinan que la Conciencia es una consecuencia adquirida como producto de que el Cerebro haya alcanzado una “masa crítica”. Otros dudan si la muerte cerebral acaba con la Mente y también con la Conciencia o si esta sobrevive al cerebro y hay otra realidad que entra de lleno en el territorio de las creencias.

Vivimos una realidad digital

Hasta hace relativamente poco tiempo los seres humanos tenían que fundamentar el conocimiento de la realidad que les rodeaba en lo que veían, en los recuerdos, en las representaciones de los artistas o en los relatos de los historiadores. En la actualidad vivimos una realidad digital en la que podemos obtener imágenes de todo lo que existe o sucede, procesarlas, transmitirlas, manipularlas e incluso fabricarlas.

En la actualidad las imágenes son todas digitales, es decir conjuntos de pixels, y la calidad o resolución de las imágenes depende de la densidad o número de pixels que las integran. La realidad que entra por nuestros sentidos es también una realidad digital que se almacena en el cerebro “troceada en pixels” de la misma forma que los ordenadores procesan las imágenes.

Por otra parte, nuestra realidad física parece que también es una “realidad digital” que está troceada en pequeñas partículas. El modelo estándar de la física cuántica supone toda la realidad del universo, incluidos nosotros mismos, como conjuntos de pequeñas partículas, algo así como “pixels cuánticos”, en medio de inmensas zonas aparentemente vacías. La física cuántica es difícil de entender, porque se edifica sobre puras formulaciones matemáticas, pero un tercio del PIB mundial se produce por la tecnología basada en ella.

La reflexión que yo hago es que si vivimos en una realidad digital en la que todo lo que observamos, tocamos, procesamos y fabricamos es de naturaleza digital, el control de toda esta realidad digital tendría que estar bajo la tutela de un computador y la formulación matemática de la física cuántica invita a pensar en ello.

De esta reflexión surgen dos vertientes que habrá que explorar. La primera es que si vivimos una realidad digital puede que solo seamos una “fabricación” que reproduce un mundo virtual, análogo al que nosotros mismos manipulamos con los computadores, pero con una tecnología infinitamente mas avanzada. La segunda es que “alguien” tiene que haber “encendido” el computador, producir con ello el big-bang, y controlar el sistema operativo para que la realidad digital se desarrolle y aparezca ante nuestros ojos como un mundo integral.